El portavoz del Departamento de Política del Comité de Defensa Nacional de la República Popular Democrática de Corea hizo pública el día 29 la siguiente declaración:

    En estos días, gracias a las medidas iniciativas de la RPDC en la Península Coreana se alivia la coyuntura de tensión y confrontación y se crea un ambiente favorable a la reconciliación y cooperación en rumbo a lograr la paz y la estabilidad.

    Citamos por ejemplo los sinceros esfuerzos de la RPDC que puso en funcionamiento normal la Zona Industrial de Kaesong, que se encontraba en la crisis de cierre total, y resuelve con magnanimidad los problemas tales como el encuentro de familiares separados -símbolo trágico de la división nacional- y la reanudación del turismo al monte Kumgang.

    Tanto en el tiempo pasado como en el presente, nuestro ejército y pueblo mantienen la firme posición y voluntad de realizar lo todo demandado por la época y deseado por la nación.

    Esta posición y voluntad se basan en la férrea decisión política de abrir el ancho camino de reunificación de la patria, la paz y la prosperidad continuando perfectamente la histórica Declaración Conjunta del 15 de Junio y la Declaración del 4 de Octubre, programa de ejecución de la primera.

    Esos dos documentos devienen herencia patriótica por la reunificación y noble fruto de los abnegados esfuerzos mentales y físicos del Dirigente Kim Jong Il.

    Pero, desafortunadamente, el ambiente de reconciliación, que se crea difícilmente, tropieza desde el principio con graves desafíos debido al proceder injusto de EE.UU. y las autoridades surcoreanas que no se liberan todavía del viejo concepto de enfrentamiento.

    Los gobernantes actuales de EE.UU. y del Sur de Corea hablan por una parte de la preservación de la paz y seguridad de la Península Coreana y de la creación del ambiente de reconciliación y confianza entre ambas partes coreanas, y por la otra, orquestan por sí mismos la aventurera campaña de guerra y los guiones de confrontación.

    Desde el pasado día 19, al igual que en el pasado, despliegan los ejercicios bélicos “Ulji Freedom Guardian” contra la RPDC describiéndolos como entrenamiento “anual”. Y desde mediados de agosto, se entregan públicamente al lanzamiento de volantes de contenido anti-RPDC movilizando a las escorias humanas.

    No podemos menos que preguntarles de que apuntar el fusil a la contraparte del diálogo y responder a sus medidas magnánimas y pacíficas con los ejercicios de guerra y la malsana campaña intrigante psicológica es el “mejoramiento de relaciones” al estilo norteamericano y la “creación de confianza” a la manera surcoreana.

    Ya está conocido por todos el que las autoridades de EE.UU. y del Sur de Corea insisten más que nadie en la “renuncia nuclear” de la RPDC.

    Sin embargo, ellas mismas recurren al abierto chantaje nuclear contra la RPDC.

    Durante el presente simulacro, introducen sucesivamente en la Península Coreana, sin distinción de las horas avanzadas de la noche ni del pleno día, la escuadrilla de cazabombarderos estratégicos nucleares B-52H emplazados en la isla Guam, y el día siguiente, mismas aeronaves en el territorio norteamericano.

    Si desean de veras la desnuclearización de la Península Corana, EE.UU. debe parar el chantaje nuclear contra la RPDC y también los actuales gobernantes surcoreanos deben abandonar la actitud dual de tolerar las armas nucleares de las fuerzas extranjeras y renegar las otras de la parte connacional.

    Lo importante para evitar la repetición del amargo lustro pasado de las relaciones íntercoreanas es que las autoridades surcoreanas paren las conductas insultantes y limpien sus entrañas de antipatía, odio, desconfianza y hostilidad.

    Los gobernantes surcoreanos en actual mandato, que no tienen profunda comprensión sobre la guerra ni los asuntos militares, toman la delantera en fomentar el enfrentamiento y agravar la tensión dando vueltas incesantes a los puestos de mando de tiempo de guerra y los de campaña.

    Los que actúan como ellos serán marginados de la corriente de la época y sufrirán la vida corta vergonzosa.

    El acto irreflexivo de elogiar un acuerdo de poca importancia logrado al cabo de muchos esfuerzos como “triunfo de principio” y el proceder de burlar la opinión pública con la pauta unilateral llamada “sentido común y norma internacional” entenebrecerá el ambiente de reconciliación preparado difícilmente.

    El ejército y pueblo de la RPDC no se rendirán ni retrocederán en preservar la paz y seguridad del país y lograr la prosperidad nacional.

    Por esta razón, nuestras fuerzas armadas revolucionarias dotadas de invictos medios de ataque han observado con alta vigilancia teniendo al alcance de tiro, en reflejo de la aspiración y demanda de la nación, todo el proceso de los ejercicios de guerra de agresión y todos los movimientos de la escuadrilla de cazabombarderos estratégicos nucleares.

    Para la verdadera paz y el alivio de la tensión de la Península Coreana, revisamos con seriedad los asuntos para proyectar y ejecutar las constructivas y audaces medidas pacifistas manteniendo la máxima paciencia.

    Ya llegó el tiempo de poner punto final a la concepción de hostilidad y la política conflictiva, residuos de la guerra fría.

    Ahora es el tiempo en que no se permiten los actos anacrónicos contra la contraparte del diálogo, sino se necesita sólo la decisión política útil para crear el ambiente pacífico y de diálogo.

    La época y la población lo desean.

    EE.UU. y las autoridades surcoreanas deben actuar con prudencia dándose clara cuenta de la tendencia de la época.

    Deben tener presente que tienen límites la magnanimidad y la paciencia de la RPDC.

    El ejército y pueblo coreanos observarán con alta vigilancia el movimiento de los gobernantes en actual mandato de EE.UU. y del Sur de Corea.

KCNA