El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular Democrática de Corea publicó el día 29 la siguiente declaración:

    El presidente estadounidense Obama realizó del 23 al 29 de abril una gira por Japón, el Sur de Corea, Malasia y Filipinas.

    Como ya hemos advertido el pasado día 21 sobre su peligrosidad, se ha comprobado que la gira de Obama agudizará más la confrontación y traerá la carrera armamentista nuclear en la región asiática.

    Esta vez, Obama demostró con acción que entra en etapa crucial la hegemónica “estrategia norteamericana de reequilibrio” sobre la región de Asia-Pacífico.

    Cuando llegó a Japón, declaró oficialmente, por primera vez como mandatario estadounidense, que la isla en litigio China-Japón se incluye en el perímetro de aplicación del tratado de seguridad EE.UU.-Japón, confirmando así la naturalidad de la intervención militar norteamericana en el posible conflicto armado China-Japón. Además, expresó apoyo a la voluntad de Japón de ejercer el derecho a la autodefensa colectiva, repudiada tanto por los países regionales como intento de resucitar el fantasma militarista.

    En el Sur de Corea, acordó posponer por tiempo indefinido el traspaso del mando de operaciones en el tiempo de guerra de las tropas norteamericanas ocupantes del Sur de Corea y establecer junto con los títeres surcoreanos el sistema antimisiles. Para colmo, dijo palabras belicosas como “no vacilaré en usar las fuerzas armadas para defender a los países aliados y su vida”.

    En Filipinas, firmó un nuevo convenio militar que comprende el envío periódico de las tropas norteamericanas a Filipinas, el uso conjunto de bases militares, etc.

    La realidad evidencia que la reciente visita asiática de Obama persiguió el abierto objetivo de enfrentamiento, tales como controlar más fuerte a sus aliados, cercar y disuadir a sus rivales del continente eurasiático en función de su plan de agresión y estrategia de dominar la región de Asia-Pacífico.

    La peligrosidad de esa visita se ha manifestado más abiertamente en el problema de la Península Coreana.

    Antes de la visita de Obama, EE.UU. libró junto con los títeres surcoreanos los ejercicios de guerra de agresión de mayor envergadura, que suponen la “toma de Pyongyang”, con el fin de aplicar la “estrategia del disuasivo de forma de ajuste”, programa de ataque preventivo nuclear contra la RPDC.

    Sin embargo, durante su estancia en Japón y el Sur de Corea, Obama abogó por la más intensa “sanción”, “presión” y “uso de fuerzas armadas” calificando las inevitables medidas de autodefensa de la RPDC de la supuesta “provocación” y “amenaza”.

    Como si eso fuera poco, expuso públicamente su veto crónico al régimen de la RPDC diciendo que ésta es el “Estado abandonado” y será más aislada cada vez que impulse el desarrollo de armas nucleares.

    Si bien dijo que hay que poner sobre la mesa de diálogo el tema de desnuclearización, Obama rehusó en realidad hasta esa mesa para poner algo.

    Así proclamó al mundo que la política hostil a la RPDC es invariable y entró en el cumplimiento su ambición de derrocar el régimen de ella con fuerzas armadas.

    La RPDC ya aconsejó a la administración Obama que examinara serenamente si su política hostil anti-RPDC conviene realmente a los intereses finales de EE.UU.

    Pero, él publicó que EE.UU. pretende desatar en la Península Coreana la guerra nuclear para materializar la estrategia de Asia-Pacífico. De esta manera, convirtió en papel mojado su proyecto del “mundo libre de armas nucleares” y entenebreció las perspectivas de desnuclearización de la Península Coreana.

    El mandatario norteamericano tendrá que pagarlo muy caro en las elecciones intermediarias del Congreso que se realizarán en noviembre de este año.

    En su reciente visita, hizo esfuerzos desesperados por atraer más y acercar a los países aliados con el pregón de la “provocación” y la “amenaza” de alguien, pero no pudo lograr resultado notable.

    Al contrario, al revelarse abiertamente la esencia hegemónica de su “estrategia de reequilibrio” sobre la región de Asia-Pacífico, se produjeron sólo la fuerte repulsión de los rivales y la seria preocupación en escala mundial.

    Debido a la conducta imprudente de Obama, se aumentó el peligro de confrontación y choque en la región de Asia-Pacífico y tomaron auge los movimientos de rechazo.

    La banda de Obama hace todo lo posible por mantener en la región la tambaleante posición de “única superpotencia” de EE.UU., pero ya se hizo tarde.

    Lo que les queda por hacer es observar qué llama se produce de la chispa traída esta vez y cómo ella se expande al patio de su casa.

    Puesto que EE.UU. trae a la RPDC el nubarrón de guerra nuclear, la segunda marchará libremente por el camino de fortalecimiento del disuasivo nuclear.

    No tiene prescripción nuestra declaración publicada el 30 de marzo de que no se descarta ni la prueba nuclear de nuevo tipo.

    Esto es el ejercicio del derecho soberano que no puede impedir nadie.

KCNA