Hace poco, en Estados Unidos se “celebró” el “50º aniversario de la institución de la ley de ciudadanía” con la participación del presidente Obama.

    En la ocasión, el mandatario confesó que siendo presidente, se dio cuenta de que en la sociedad norteamericana es difícil lograr el progreso y hay cosas que decepcionan.

    Sin duda alguna, es la confesión amarga sobre la realidad de la sociedad corrupta y la inocultable e innegable situación de DDHH de EE.UU.

    La citada ley estipula la prohibición de discriminación racial. Pero, este fenómeno social está en el apogeo.

    Las minorías y los inmigrantes son discriminados y maltratados en los derechos de trabajo, sufragio y otros.

    En el año pasado, EE.UU. declaró inocente a un policía blanco quien mató a plena luz del día a un niño negro, demostrando a todo el mundo su naturaleza del reino de discriminación racial.

    Por lo tanto, 52% de estadounidenses contestan que “existe todavía la discriminación racial” y 46% sacan la conclusión de que “la discriminación de diversos tipos existirá siempre en EE.UU.”.

    EE.UU. infringe hasta el elemental derecho a la vida del hombre.

    Se registran cada semana más de 300 mil desempleados como promedio, pero no se toman medidas efectivas para generar empleos.

    En 2013, el precio de viviendas subió 11.5% más que en 2012, y en enero de 2014, 13.2% más que en el año pasado.

    En el año pasado, el número de los pobres ascendió a 46 millones 500 mil. Un sexto de los ciudadanos de Nueva York y más de 20 por ciento de los niños de la misma ciudad sufren hambre.

    EE.UU. amenaza gravemente el derecho a la vida y el de inmunidad de los seres humanos defendiendo y fomentando los crímenes de toda índole.

    Califica la vigilancia ilegal, repudiada por todo el mundo, como trabajo necesario para la “seguridad estatal” y movilizan muchas cámaras, micrófonos y drones para la vigilancia de los habitantes del país y los extranjeros.

    Algunos Estados norteamericanos aprueban los proyectos de relajamiento del control de armas letales.

    Como resultado, este año ocurrieron sucesivamente los crímenes asociados con armas en todas partes del país y hasta en las bases militares.

    El pasado día 10, la ONU anunció que EE.UU. ocupa el primer lugar en el asesinato.

    EE.UU. también registra el récord mundial en el número de prisioneros que alcanzan la cifra de 2 millones 200 mil.

    Aprovechando la falta de cárceles, hasta las personas individuales instalan reclusorios para ganar el dinero.

    Una TV rusa transmitió que “en EE.UU. son fabulosas las ganancias provenientes de las prisiones privadas y por eso, invierten en ellas hasta la gente adinerada. En lo adelante, serán encarceladas mucho más estadounidenses”.

    La grave situación de DDHH de EE.UU. es producto inevitable de la política antiética de los gobernantes.

    El mandatario Obama lleva una vida lujosa derrochando cientos de millones de US$ en su viaje al extranjero sin tener en cuenta la vida depauperada de la población.

    Él mismo insistió en respetar el veredicto de inocencia sobre el acto de discriminación racial de policía blanco y apoyó la vigilancia y escuchas ilegales.

    EE.UU. es el peor violador de DDHH del mundo e infierno para los seres humanos.

KCNA