El portavoz del Departamento de Política del Comité de Defensa Nacional de la República Popular Democrática de Corea publicó el día 12 la siguiente declaración:

    EE.UU. es el país que no puede vivir ni un día sin actos de agresión e intervención.

    El 11 de julio, despachó otra vez por sorpresa al puerto de Pusan del Sur de Corea la flotilla de ataque del portaaviones nuclear George Washington.

    El mismo día, llegó al puerto de Tonghae la escuadrilla del destructor Aegis Kid, perteneciente a la 3ª flota de las fuerzas agresoras norteamericanas.

    Lo sorprendente del caso es que esos buques piratas llegaron por la petición activa y bajo la acogida pomposa de los títeres surcoreanos que deben actuar con prudencia.

    Según trascendidos, la flotilla de George Washington y la escuadrilla de Kid librarán desde el 16 de julio junto con las fuerzas navales surcoreanas en el Mar Sur y el Mar Este de Corea el “ejercicio de interceptación de aviones” contra la RPDC, acompañado del desplazamiento en el mar.

    Desde el 22 de julio, realizarán sucesivamente en las aguas cercanas a la isla Jeju los ejercicios navales conjuntos de gran dimensión incorporando hasta los buques de las fuerzas agresoras de Japón.

    Lo que no se puede pasar por alto es que esas circunstancias graves coinciden con que el Comité de Defensa Nacional envió la propuesta especial y el gobierno de la RPDC publicó una declaración muy significativa con el propósito de mejorar las relaciones íntercoreanas y asegurar la paz de la Península Coreana.

    Los aventureros movimientos militares de EE.UU. y los títeres surcoreanos constituyen otro desafío abierto a los esfuerzos sinceros de nuestro ejército y pueblo por eliminar la tensión y crear el ambiente pacífico en la Península Coreana.

    También significan acto flagrante que frustra la demanda y aspiración de toda la nación coreana a mejorar las relaciones entre el Norte y el Sur y lograr la reconciliación y cooperación nacional.

    En febrero pasado, cuando se daban señales de reconciliación entre ambas partes coreanas, EE.UU. creó intencionalmente la coyuntura de enfrentamiento al mandar al Sur de Corea la escuadrilla de bombarderos estratégicos cargados de bombas nucleares.

    Históricamente, EE.UU. cometía siniestros actos de intervención y obstrucción cada vez que se daban señales de mejoramiento de relaciones íntercoreanas o se aliviaba la situación de la Península Coreana.

    Es que así puede mantener su posición hegemónica sobre la región de Asia-Pacífico, al formar el cerco al continente asiático controlando de continuo al Sur de Corea y Japón.

    El problema es que los títeres surcoreanos, acostumbrados al servilismo y sumisión a grandes potencias, se dejan llevar por tal intento siniestro de EE.UU. y recurren obstinadamente al chantaje y amenaza nuclear contra la parte connacional introduciendo sin cesar los medios de ataque nuclear del imperio

    Pero, nuestro ejército y pueblo no son los que se asustan ante la amenaza y chantaje nuclear de EE.UU. por el estilo de la “diplomacia de cañonero” del siglo pasado.

    EE.UU. debe darse cuenta de que se incrementarán más nuestras fuerzas nucleares de autodefensa que se mantienen siempre en la disposición de ataque de nivel sofisticado, cada vez que el imperio recurra a la vana amenaza y chantaje nuclear.

    Los títeres surcoreanos no deben equivocarse pensando que su salvación está en adular a una parte u otra apoyándose en EE.UU. Tienen que volver en sí y buscar la salida en la posición de dar importancia y prioridad a la nación.

    Especialmente, deben tener presente que deben tomar la opción correcta en estos tiempos en que están programados varios asuntos entre el Norte y el Sur de Corea.

    EE.UU. y las autoridades surcoreanas no deberán olvidar que nuestro ejército y pueblo están observando con mirada rigurosa junto con todo el mundo dichas anacrónicas acciones militares.

KCNA