Se gana las críticas de nacionales y extranjeros el fugitivo norcoreano Jo Myong Chol que continúa diciendo chismes después de su deserción al Sur de Corea.

    Hace poco, dijo que “hace falta instaurar lo más pronto posible un órgano encargado de impartir la educación especializada en la unificación conforme a la época de ´Thongil Taebak´ (cajón de tesoros para la unificación)”. Se atrevió a plantear el “proyecto de institución de la ley de fundación de la universidad de unificación” alegando que eso es para la “unificación de la Península Coreana”.

    Cuando vivía en el régimen socialista de la República Popular Democrática de Corea centrado en las masas populares, el desertor creció recibiendo grandes beneficios como la asistencia médica gratuita y la enseñanza gratuita. Después de graduarse de la guardería, jardín infantil y las escuelas primaria y secundaria, cursó estudios universitarios cobrando estipendio en el país y hasta en el extranjero.

    Si él hubiera tenido una pizca de conciencia del ser humano, se habría esforzado por recompensar las benevolencias del Estado como ciudadano.

    Pero, el deformado mental y moralmente escogió el camino de malagradecido.

    Cuando era estudiante, en lugar de dedicarse a los estudios, anduvo por aquí y por allá soñando con ser millonario. Una vez hecho profesor, el incapaz nunca pudo dar lecciones de calidad y se ganó la mala fama de sátiro.

    Desoyendo los consejos sinceros de la organización, el colectivo y compañeros, continuó con sus maldades.

    Después de su fuga al Sur de Corea, seducido por un puñado de dinero y “honra”, se puso al frente de la demagogia sobre el régimen socialista de la RPDC siguiendo las instrucciones de las autoridades surcoreanas.

    Se incorporó a las entidades intrigantes anti-RPDC y se puso a la cabeza en la campaña de enfrentamiento fratricida. A cambio de eso, se hizo “parlamentario” por el “Partido Saenuri”.

    Hace mucho tiempo, el pueblo coreano tachó a ese traidor y basura de la lista de los integrantes de la nación.

    Las autoridades surcoreanas deben darse cuenta de que si siguen usando a la chusma como Jo, no tendrán otro resultado que demostrar su naturaleza conflictiva y buscarse la vergüenza.

    Jo Myong Chol y otros connotados fugitivos norcoreanos deberán tomar la opción correcta aunque tardíamente.

KCNA