El jefe de la oficina de estudios políticos del Instituto para Asuntos Norteamericanos del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular Democrática de Corea publicó el día 16 la siguiente declaración:

En la histórica Cumbre RPDC-EE.UU. de Singapur celebrada en junio pasado, los Máximos Líderes de ambos países se comprometieron a mejorar los vínculos bilaterales, lo cual deviene un acontecimiento significativo para la paz y seguridad de la región y el mundo entero. Las relaciones RPDC-EE.UU. avanzan ahora acorde a la firme voluntad de los Máximos Líderes de implementar fielmente la Declaración Conjunta RPDC-EE.UU. de Singapur.

En contrasentido a tal corriente de la situación, se reportan uno tras otro los brutales actos hostiles de EE.UU. contra nuestro país, hecho que me pone aturdido e indignado.

Dentro de 6 meses después de la cumbre, el secretario de Estado y otras altas figuras políticas de EE.UU. calumnian casi todos los días a la RPDC mientras los Departamentos de Estado y de Finanzas tomaron 8 veces las medidas de sanción anti-RPDC, específicamente, contra las compañías, individuos y embarcaciones no sólo de nuestro país sino también de Rusia, China y otros terceros países, inventando distintos pretextos como lavado de dinero, negocios ilegales mediante la transferencia de barco a barco y ataque cibernético.

Al acusar hace poco hasta el inexistente “problema de DDHH”, intensifican la campaña intrigante anti-RPDC en esa materia cometiendo sin vacilación alguna el acto provocador de incluir a los cuadros responsables del gobierno de la RPDC, Estado soberano, en la lista de blancos de sanción independiente.

En estos tiempos, la sociedad internacional aplaude las medidas de desnuclearización, que hemos tomado con iniciativa, y exige unánimemente que EE.UU. proceda de igual manera. El mismo presidente Trump manifiesta, cada vez que se le presenta la oportunidad, la voluntad de mejorar las relaciones con la RPDC.

En lo diferente a las palabras del presidente, el Departamento de Estado hace todo lo posible por darles marcha atrás a las relaciones bilaterales al punto de partida del año pasado cuando entrecruzaba el fuego, lo que me hace dudar la verdadera intención de esa cartera.

Si fueran los diplomáticos de la “única superpotencia”, deberían saber, a través de la historia de relaciones bilaterales, que la sanción y la presión no sirven para nada en el caso de la RPDC.

Es obvio que en medio de largas relaciones de enfrentamiento, desconfianza y hostilidad entre ambos países, no pueden ser la solución del problema la amenaza, chantaje y presión de una parte contra la otra. EE.UU. conocería también que tales acciones hostiles producirán el empeoramiento de la situación que no será útil para la paz y seguridad de la Península Coreana ni de la región y el mundo.

Conocemos muy bien que no se puede eliminar, de la noche a la mañana, las arraigadas relaciones hostiles entre ambos países y por eso, insistimos en mejorarlas a modo de resolver por etapas lo que se pueda hacer primero anteponiendo la creación de confianza.

Estarían muy equivocadas si las altas figuras políticas del Departamento de Estado y la administración norteamericana hubieran pensado que pueden obligar a la RPDC a renunciar el arma nuclear con la escalada de la sanción y presión y la campaña de DDHH.

Por el contrario, se puede producir el resultado, que nadie desea, como bloquear para siempre la vía de desnuclearización de la Península Coreana.