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El ministro de Relaciones Exteriores envía un mensaje claro a EE.UU dos años después del encuentro bilateral

U.S. President Donald Trump shakes hands with North Korean leader Kim Jong Un at the Capella Hotel on Sentosa island in Singapore June 12, 2018. REUTERS/Jonathan Ernst

El ministro de Relaciones Exteriores de la República Popular Democrática de Corea, Ri Son Gwon, hizo pública el día 12 la siguiente declaración:

Se cumplen 2 años desde cuando se celebrara la histórica Cumbre RPDC-EE.UU. del 12 de Junio.

Me pregunto qué ha presenciado el mundo y qué lección ha dejado la historia en el transcurso de las relaciones RPDC-EE.UU. en ese tiempo no corto de 732 días.

Lo claro es que la esperanza sobre el mejoramiento de relaciones bilaterales, que hace dos años, había experimentado un boom acaparando la atención de todo el planeta, se ha convertido hoy día en la desesperación llamada la ida de mal en peor haciendo perderse entre pesadillas hasta el hilo de optimismo por la paz y prosperidad de la Península Coreana.

La situación de la Península Coreana se torna cada día más crítica si bien sigue invariable el deseo de los pueblos de ambos países de dar punto final a los vínculos bilaterales más hostiles del globo terráqueo y abrir nueva era de cooperación por la paz y prosperidad.

Lo comprueban el estado de relaciones RPDC-EE.UU. en los últimos 2 años.

Sin duda alguna, fueron medidas significativas y evaluables de decisiones del siglo las que ha tomado nuestra Dirección Suprema tales como el cierre total del campo de prueba nuclear de la zona septentrional, la devolución de restos mortales de decenas de uniformados estadounidenses y la aplicación de amnistía para los criminales graves de nacionalidad norteamericana que se encontraban retenidos en el país.

En particular, hemos tomado la valiente determinación estratégica de poner primero en práctica la medida de cesar el ensayo nuclear y el lanzamiento de prueba de ICBM a fin de construir la confianza entre ambos países.

Entonces, veamos atentamente lo que ha hecho en el último bienio como una parte del consenso ese país que agradeció profundamente caso por caso tales medidas nuestras que requieren de gran resolución.

«Ya no hay las pruebas de misiles y volvieron los restos de los militares norteamericanos.»

«Trajimos también a los rehenes retenidos.»

Son palabras que solía decir en tono orgulloso el inquilino de la Casa Blanca, representante de los Estados Unidos de América.

Por culpa de EE.UU. que vino dedicándose a exacerbar la situación preconizando verbalmente el mejoramiento de los nexos con la RPDC, la Península Coreana se hace ahora en la zona más candente del mundo donde deambula todo momento el fantasma de guerra nuclear en contrasentido al aseguramiento de la paz duradera y sólida, acordado por ambas partes.

Como antes, la RPDC sigue siendo incluida en la lista de blancos de ataque preventivo nuclear de EE.UU. y los medios de golpe nuclear de todo tipo de éste apuntan directamente a aquélla. Esto es el panorama de la realidad de hoy.

A citar pruebas materiales, los bombarderos estratégicos nucleares libran a menudo en el cielo surcoreano los simulacros de ataque nuclear y las flotillas de golpe de portaaviones navegan a su antojo en las aguas periféricas.

Con el propósito de convertir las fuerzas surcoreanas en las de tipo ofensivo, EE.UU. introduce en el suelo surcoreano gran cantidad de equipos bélicos sofisticados como los cazas tipo Stealth y los drones de reconocimiento que cuestan decenas de miles de millones de dólares mientras las autoridades surcoreanas pagan a aquél sumas astronómicas.

A lo largo de 2 años penetrados de sus actos injustos y anacrónicos, la administración norteamericana demostró sin escrúpulos que la «mejora de relaciones» con la RPDC es precisamente el derrocamiento del régimen de ésta, la «garantía de seguridad» significa el ataque preventivo nuclear y la «creación de confianza» implica la continuidad de su campaña para aislarla y atropellarla.

Todos los hechos vuelven a comprobar claramente que mientras no se elimine de raíz la arraigada política de hostilidad anticoreana que mantiene EE.UU. por más de 70 años, este país se quedará en lo adelante también como amenaza de largo plazo para nuestro Estado, régimen y pueblo.

En este momento, me surge el siguiente interrogante.

¿Será necesario mantener las manos apretadas en Singapur, puesto que no hay de hecho ni un poco de mejoramiento en las relaciones RPDC-EE.UU. pese a la preservación de la amistad entre nuestra Dirección Suprema y el presidente norteamericano?

Si echamos una vista retrospectiva a lo que hizo hasta ahora la actual administración norteamericana, eso no fue más que acumular sus méritos políticos.

Sin recompensa, no volveremos a enviar más nunca al mandatario estadounidense el paquete que le sirva de propaganda de méritos.

Nuestra Dirección Suprema discutió en la histórica IV reunión ampliada del VII período de la Comisión Militar Central del Partido del Trabajo de Corea la estrategia estatal de desarrollo nuclear conveniente a la situación interna y externa creada y declaró solemnemente el incremento del disuasivo nuclear del país frente a la prolongada amenaza de guerra nuclear de EE.UU.

Los politiqueros de EE.UU., inclusive Pompeo, aprovechan todas las ocasiones para anunciar que la meta invariable de su país es la desnuclearización de la Península Coreana.

Pues, la invariable meta estratégica de la RPDC es preparar la fuerza segura para controlar la amenaza militar de largo plazo de EE.UU.

Esta es la carta de respuesta que le enviamos a EE.UU. con motivo del aniversario 2 de la Cumbre del 12 de Junio.

 

KCNA

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